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Problemas visuales y fracaso escolar

Uno de cada cuatro niños en edad escolar tiene defectos visuales que pueden afectar a su rendimiento académico.

Aproximadamente entre el 35 y el 40% del fracaso escolar no está relacionado directamente con la inteligencia de los alumnos, sino con defectos visuales como la miopía, hipermetropía, astigmatismo, estrabismo y ojo vago o ambliopía.

La visión es un elemento clave en el proceso de aprendizaje de los niños, en la actividad física y en cómo se relacionan con los demás y con el entorno. Cuando existe un defecto de refracción o un problema visual, el niño tiene mayor dificultad para desarrollar sus actividades cotidianas con normalidad.

Si un defecto visual no se detecta a tiempo, el cerebro de los más pequeños se va adaptando a esta deficiencia y es más difícil identificarla. La prevención se convierte entonces es un elemento clave para detectar problemas visuales de forma precoz y evitar complicaciones en un futuro.

¿Qué señales hay que tener en cuenta al observar al niño?

  • Le duele la cabeza después de leer.
  • Tropieza con facilidad.
  • Se frota los ojos con frecuencia.
  • Suele sentarse cerca del televisor o se acerca mucho al libro.
  • Se salta líneas de texto cuando ya sabe leer.
  • Tiene mala alineación de los ojos.
  • Entrecierra los ojos.
  • Enrojecimiento de los ojos o lagrimeo.
  • Pestañea con más frecuencia de la habitual.
  • Inclina la cabeza hacia un lado.

Independientemente de que el niño presente alguna de estas señales, es recomendable realizar revisiones periódicas al menos una vez al año, para asegurarse de que su salud visual es buena e identificar posibles problemas que, tratados a tiempo, no revisten mayor gravedad.

La mejor época del año para las revisiones de los benjamines de la casa, es una vez finalizadas las vacaciones de verano, de cara al inicio del nuevo curso escolar. No olvides pedir cita con antelación.

Pantallas y niños. Cómo evitar el uso excesivo

Los niños pasan cada vez más tiempo delante de pantallas, tablets y smartphones, un hábito que puede tener consecuencias negativas para el sistema visual de los más pequeños.

En 2020 más del 30% de los niños y adolescentes tendrán miopía como consecuencia del excesivo uso de las pantallas. Datos preocupantes, sobre todo en menores de 7 años que aún no tienen el sistema visual completamente desarrollado.

De media parpadeamos de 15 a 20 veces por minuto, delante de una pantalla este parpadeo se reduce entre 7 y 10 veces por minuto. La función de limpieza y lubricación del parpadeo se ve limitada a la mitad, propiciando la aparición, no solo de la fatiga visual, sino también de sequedad ocular.

Hace unos días el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas de España recomendaba a los padres optar por rompecabezas y juegos de ingenio como regalos para el período navideño. Este tipo de juguetes contribuyen a desarrollar la percepción y la memoria visual 

Sin embargo, cada vez más se apuesta por regalos tecnológicos; móviles, consolas, tablets y videojuegos. Su uso excesivo pede entrañar un riesgo para la salud visual de los niños. La sobrexposición a las pantallas, sobre todo cuando no se mantiene una mínima distancia de seguridad, puede provocar fatiga visual, progresión de la miopía y aparición de presbicia en edades tempranas.

La vida digital está aumentando la incidencia de trastornos visuales, es importante prevenir problemas futuros evitando un uso excesivo o inadecuado.

Recomendaciones generales para la correcta utilización de la tecnología.

  1. Procurar una iluminación adecuada evitando reflejos en la pantalla.
  2. Colocar la pantalla a una distancia mínima de 30 cm.
  3. Ajustar el contraste y el brillo a las necesidades individuales de cada usuario.
  4. No utilizar los dispositivos más de 15 minutos seguidos sin descanso.
  5. Utilizar la regla 20-20-20 para evitar la fatiga visual.
  6. Realizar revisiones oftalmológicas al menos una vez al año.

Petardos. Así afectan a la vista

Los petardos pueden causar accidentes de notable consideración, pero son especialmente peligrosos en el caso de los ojos.

Se acerca la última noche del año. Para muchas personas la celebración en estas fechas pasa por amenizar la velada con el uso de pirotecnia. Lanzar petardos y fuegos artificiales es una práctica frecuente, que en los últimos años dependiendo de las ordenanzas municipales de cada localidad, puede llevar equiparada una considerable sanción económica si se hace sin permiso.

Pero más allá de las consecuencias que tengan para el bolsillo, hay otras más preocupantes que tienen que ver con el riesgo que representan para la salud, como quemaduras o daños en las manos. Un riesgo que se intensifica cuando hablamos de los ojos.

La utilización de pirotecnia puede deteriorar el globo ocular, provocando daños permanentes e incluso, en algunos casos, ceguera.

Los accidentes oculares más frecuentes por la utilización de petardos son: quemaduras en la córnea y traumatismo ocular causado por el impacto de fragmentos incandescentes, que pueden alcanzar el ojo al ser manipulados de forma incorrecta.

¿Cómo actuar en caso de accidente?

  1. En primer lugar, mantener la calma tanto como sea posible.
  2. Evitar frotarse los ojos ya que podría empeorar la situación.
  3. Ante una herida abierta, presionar con delicadeza con una compresa suave para contener la hemorragia y acudir inmediatamente al servicio oftalmológico de urgencia.
  4. Ante una lesión leve, con restos de ceniza o fragmentos, lavar con suero fisiológico y acudir al especialista.
  5. Si la lesión es grave, mejor no tocar el ojo y acudir inmediatamente a urgencias.

Un uso adecuado de pirotecnia, siempre que esté permitido, consiste en seguir las recomendaciones del fabricante y utilizar gafas de protección. Y por supuesto elegir bien el lugar, garantizando la buena convivencia de todos, poniendo especial atención a los grupos de personas más vulnerables ante estas situaciones, como personas mayores y niños con autismo. Además, también las mascotas sufren con los ruidos, especialmente los perros.

Cómo afecta el frío a los ojos

Cómo afecta el frío a los ojos.

Los ojos son órganos muy sensibles al frío, que además están constantemente expuestos a agentes externos. 

Con la llegada del frío, procuramos protegernos de las gélidas temperaturas para evitar enfermarnos. Los ojos deberían gozar de la misma atención que el resto de cuerpo, sin embargo no siempre se la dedicamos.

¿Cuál es el sistema de protección que utilizan nuestros ojos?

Tienen su propio sistema de protección a través de lágrimas, párpados y pestañas. Aún así, es importante cuidarlos y protegerlos, manteniendo buenos hábitos que deberían adaptarse al clima y el ambiente en el que nos encontremos en cada momento.

Cuando llega el invierno, los ojos sufren especialmente. Las bajas temperaturas tienden a resecar la membrana mucosa que cubre el globo ocular y la córnea, que puede provocar una sensación de sequedad. El ojo seco es una de las afecciones más comunes en invierno.

Otro factor a tener en cuenta es la protección frente al sol. En invierno el sol está más bajo, por lo que los rayos solares pueden incidir de una forma más intensa. Es recomendable utilizar unas gafas de sol adecuadas que ofrezcan protección, especialmente si se practican actividades de montaña y otros deportes de nieve.

Recomendaciones.

  1. No abusar de la calefacción. El ambiente está más seco y los ojos no pueden lubricarse lo suficiente de forma natural.
  2. Utilizar humidificadores, ya que generan un ambiente más húmedo y apropiado para nuestros ojos.
  3. Utilizar lágrimas artificiales para hidratar los ojos.
  4. No olvidar las gafas de sol, que además de protección frente a la radiación ultravioleta, serán nuestras aliadas en días de viento.
  5. Cuidar la alimentación. Introducir en la dieta alimentos ricos en omega 3 y ácidos grasos.
  6. Pestañear de forma regular para incentivar la producción de lágrimas.

Estas recomendaciones contribuirán a que nuestros ojos estén en las mejores condiciones para disfrutar de la familia, amigos y unos merecidos días de descanso.

¿Puedo viajar en avión si tengo problemas visuales?

Cuando viajamos en avión, es recomendable consultar con el oftalmólogo ante ciertas patologías visuales o si nos hemos sometido a una cirugía ocular recientemente. El especialista podrá valorar si este medio de transporte es el más adecuado.

Los desplazamientos en avión cada vez son más frecuentes. Ya sea por razones de ocio o de trabajo, es un medio de transporte utilizado principalmente por su comodidad y rapidez. Cuando organizamos un viaje nos ocupamos de la documentación y el equipaje, o de conocer bien las características del destino, principalmente si viajamos al extranjero. Pero solemos pasar por alto cuestiones indispensables como la salud, cuando no se padece una patología grave o limitante.

En lo referente a la salud ocular, hay algunas circunstancias que pueden intervenir a la hora volar. Tenerlas en cuenta nos ayudará a prevenir posibles complicaciones y disfrutar del viaje sin preocupaciones.

Recomendaciones

Después de una cirugía de cataratas o de glaucoma, se puede utilizar el avión, siempre que sigamos las recomendaciones del oftalmólogo.

Si la cirugía es para reparar la retina o un transplante de córnea, dependiendo de la técnica utilizada, debemos extremar las precauciones porque puede resultar peligroso volar, salvo indicación contraria del oftalmólogo.

Es seguro viajar después de una cirugía que se practique en la parte exterior del ojo o en el párpado, pero igualmente bajo recomendación y revisión médica.

No hay contraindicaciones para volar si se tienen las pupilas dilatadas después de un examen oftalmológico, teniendo la precaución de utilizar gafas de sol, minimizando así la fotosensibilidad.

La queratitis tampoco dificulta el viajar en avión. Pero el aire seco de la cabina puede empeorar los síntomas. Es recomendable mantener la humectación del ojo utilizando lágrima artificial.

Si durante el viaje se presenta visión borrosa, dolor intenso, aparición de flashes o cualquier otra circunstancia repentina, es importante buscar atención médica de urgencia al llegar a destino y no esperar hasta volver a casa.