
No siempre esperamos a tener un problema de visión para acudir al oftalmólogo. Sin embargo, algunas enfermedades oculares pueden desarrollarse durante bastante tiempo sin producir síntomas evidentes. Por eso, las revisiones oftalmológicas periódicas tienen un papel importante en la detección precoz de alteraciones que pueden afectar a la visión.
Pero ¿cada cuánto hay que hacerse una revisión oftalmológica? La respuesta no es igual para todas las personas. La frecuencia adecuada depende de factores como la edad, los antecedentes familiares, las enfermedades previas, los tratamientos que se estén realizando y los resultados de las revisiones anteriores.
En este artículo explicamos cuándo conviene revisar la salud ocular y qué aspectos puede valorar el oftalmólogo en una revisión.
¿Por qué es importante hacerse revisiones oftalmológicas?
Una revisión oftalmológica no sirve únicamente para comprobar si necesitamos cambiar de gafas. Una exploración ocular permite valorar diferentes estructuras y funciones del ojo y detectar alteraciones que, en algunos casos, pueden aparecer antes de que la persona note cambios importantes en su visión.
Por ejemplo, el glaucoma puede evolucionar durante años sin síntomas evidentes y provocar una pérdida progresiva de la visión periférica. La detección precoz permite iniciar el tratamiento cuando sea necesario y reducir el riesgo de progresión de la enfermedad.
También existen otras patologías que pueden afectar a la retina, el nervio óptico, la córnea, el cristalino o la mácula y que requieren un seguimiento adaptado a cada paciente.
Por este motivo, ver bien no siempre significa que los ojos estén completamente sanos.
¿Cada cuánto hay que hacerse una revisión de la vista?
No existe una única periodicidad válida para todas las personas.
En personas sin síntomas ni factores de riesgo, el oftalmólogo puede establecer la frecuencia de las revisiones en función de la edad y de las características individuales. En cambio, las personas con determinadas enfermedades, antecedentes familiares o problemas oculares conocidos pueden necesitar controles más frecuentes.
Por tanto, más que establecer una regla general de «una revisión al año para todo el mundo», lo adecuado es determinar la periodicidad de forma individual.
Revisión oftalmológica en niños
La salud visual durante la infancia merece una atención especial porque algunos problemas visuales pueden interferir en el desarrollo de la visión.
La frecuencia de las revisiones dependerá de la edad y de las necesidades de cada niño. Es especialmente importante realizar una valoración cuando existen antecedentes familiares de determinados problemas visuales, alteraciones detectadas en revisiones escolares o pediátricas, dificultades para ver, dolores de cabeza frecuentes o problemas para realizar actividades que requieren visión de cerca o de lejos.
Además, determinadas alteraciones, como la ambliopía, pueden requerir una detección y tratamiento tempranos para evitar consecuencias permanentes sobre el desarrollo visual.
Ante cualquier sospecha de que un niño no ve correctamente, no es recomendable esperar a la siguiente revisión rutinaria.

Revisiones oftalmológicas en adultos
En la edad adulta, la frecuencia de las revisiones depende de factores como la graduación, los antecedentes familiares, las enfermedades sistémicas y la presencia de síntomas o patologías oculares previas.
Una persona que utiliza gafas o lentes de contacto puede necesitar controles para comprobar que su corrección visual continúa siendo adecuada, pero una revisión oftalmológica puede valorar además la salud de las diferentes estructuras oculares.
Con la edad también aumenta el riesgo de determinadas enfermedades oculares, por lo que los controles adquieren especial importancia.
A partir de los 60 años: mayor importancia del control ocular
A medida que aumenta la edad, también lo hace el riesgo de desarrollar algunas enfermedades oculares, entre ellas cataratas, glaucoma y degeneración macular asociada a la edad.
Esto no significa que todas las personas mayores necesiten exactamente el mismo calendario de revisiones. La periodicidad debe establecerse según los antecedentes y el estado ocular de cada paciente.
En personas con mayor riesgo de glaucoma, por ejemplo, pueden ser necesarios controles periódicos aunque no existan síntomas. El National Eye Institute señala que la enfermedad puede comenzar sin signos evidentes y que el examen oftalmológico completo permite detectar alteraciones antes de que la pérdida de visión sea evidente.
¿Quién debería realizarse revisiones con mayor frecuencia?
Existen determinados factores que pueden hacer necesario un seguimiento oftalmológico más estrecho.
Entre ellos se encuentran:
- Antecedentes familiares de glaucoma u otras enfermedades oculares.
- Diabetes.
- Hipertensión arterial.
- Enfermedades o tratamientos que puedan afectar a los ojos.
- Antecedentes de enfermedades de retina.
- Glaucoma o presión intraocular elevada.
- Degeneración macular.
- Cataratas u otras patologías oculares.
- Cirugías oculares previas.
- Miopía elevada.
- Cambios recientes en la visión.
- Síntomas oculares persistentes.
En estos casos, la frecuencia de las revisiones debe establecerla el oftalmólogo según el riesgo individual y los resultados de las exploraciones.
Diabetes y revisiones oftalmológicas
La diabetes merece una mención especial porque puede afectar a los vasos sanguíneos de la retina y provocar retinopatía diabética.
Una de las características de la retinopatía diabética es que puede evolucionar sin síntomas en sus primeras fases. Por eso, las personas con diabetes necesitan un seguimiento ocular específico. Las recomendaciones sobre la periodicidad pueden variar según el tipo de diabetes, el tiempo de evolución, los hallazgos en la retina y el criterio del especialista.
El CDC recomienda que las personas con diabetes se realicen un examen ocular con dilatación al menos una vez al año, aunque la frecuencia puede ser mayor cuando ya existen alteraciones oculares.

¿Qué se hace en una revisión oftalmológica?
Las pruebas que se realizan durante una revisión dependen de la edad, los síntomas, los antecedentes y las necesidades de cada paciente.
Entre las exploraciones que puede incluir una valoración oftalmológica se encuentran:
Agudeza visual
Permite comprobar la capacidad para ver con nitidez a diferentes distancias y detectar posibles errores refractivos, como miopía, hipermetropía o astigmatismo.
Medición de la presión intraocular
La tonometría permite medir la presión dentro del ojo y puede formar parte de la valoración del riesgo de glaucoma.
Es importante señalar que la presión intraocular no debe interpretarse de forma aislada. El diagnóstico y seguimiento del glaucoma requiere valorar diferentes factores y pruebas.
Exploración del fondo de ojo
Permite observar estructuras internas del ojo, entre ellas la retina y el nervio óptico.
En función del paciente, puede ser necesario dilatar la pupila para realizar una exploración más completa.
Campo visual
El campo visual permite valorar la visión periférica. Es una prueba especialmente relevante en determinadas situaciones, como el estudio y seguimiento del glaucoma.
OCT
La tomografía de coherencia óptica (OCT) permite obtener imágenes detalladas de determinadas estructuras oculares.
Según el caso, puede utilizarse para estudiar y realizar seguimiento de la retina, la mácula, el nervio óptico u otras estructuras.
No todos los pacientes necesitan las mismas pruebas. El oftalmólogo determina qué exploraciones son necesarias en función de la historia clínica y de los hallazgos de la exploración.
¿Es necesario hacerse una revisión aunque vea bien?
En determinadas personas, sí.
Uno de los principales motivos es que algunas enfermedades oculares pueden comenzar sin producir una alteración visual evidente.
El glaucoma es un ejemplo especialmente relevante. En sus fases iniciales, muchas personas pueden no notar cambios en su visión, mientras que el daño del nervio óptico puede ir progresando.
Por eso, esperar a notar que «veo peor» no siempre es una estrategia adecuada para detectar una enfermedad ocular.
Las revisiones permiten valorar la salud ocular incluso cuando la persona considera que su visión es normal.
¿Qué síntomas indican que no conviene esperar a una revisión rutinaria?
Además de los controles periódicos, existen situaciones en las que es recomendable consultar con un oftalmólogo antes de la siguiente revisión.
Algunos signos de alerta son:
- Pérdida repentina de visión.
- Aparición brusca de muchas moscas volantes o manchas en el campo visual.
- Destellos luminosos.
- Aparición de una sombra o cortina en parte del campo visual.
- Visión doble de nueva aparición.
- Dolor ocular intenso.
- Ojo rojo acompañado de dolor o alteración visual.
- Distorsión de las líneas rectas.
- Cambios visuales repentinos.
Algunos de estos síntomas pueden estar relacionados con problemas que requieren valoración urgente.
Por ejemplo, la aparición repentina de destellos, numerosas moscas volantes o una sombra semejante a una cortina puede ser un signo de una alteración de la retina que necesita una valoración oftalmológica inmediata.

¿Una revisión de la vista es lo mismo que una revisión oftalmológica?
No necesariamente.
Una revisión de la graduación se centra principalmente en determinar si existe un defecto refractivo y si es necesario modificar la corrección óptica.
Una revisión oftalmológica médica puede incluir, además, la exploración de las estructuras oculares y diferentes pruebas destinadas a detectar o controlar enfermedades oculares.
Por eso, cuando hablamos de salud ocular, no debemos reducir la revisión de los ojos únicamente a comprobar las dioptrías.
¿Cuándo debería pedir cita con el oftalmólogo?
No es necesario esperar a tener molestias para consultar.
Es especialmente recomendable solicitar una valoración cuando:
- Hace tiempo que no se realiza una revisión ocular.
- Se han producido cambios en la visión.
- Existen antecedentes familiares de enfermedades oculares.
- Se padece diabetes u otra enfermedad que pueda afectar a la salud ocular.
- Se ha diagnosticado previamente una enfermedad ocular.
- Se han realizado cirugías oculares.
- Se utilizan determinados tratamientos que requieren seguimiento oftalmológico.
- Se presentan síntomas nuevos o persistentes.
La frecuencia exacta de las revisiones debe establecerla el profesional después de valorar cada caso.
Preguntas frecuentes sobre las revisiones oftalmológicas
¿Cada cuánto hay que hacerse una revisión oftalmológica si estoy sano?
No existe una frecuencia universal. En una persona sin síntomas ni factores de riesgo, el oftalmólogo puede establecer la periodicidad adecuada según su edad y antecedentes. Si aparecen síntomas o factores de riesgo, puede ser necesario adelantar la revisión.
¿Si veo bien necesito ir al oftalmólogo?
Ver bien no descarta todas las enfermedades oculares. Algunas patologías pueden permanecer sin síntomas durante sus primeras fases, por lo que las revisiones periódicas pueden ayudar a detectarlas antes de que afecten de forma significativa a la visión.
¿A qué edad hay que empezar a hacerse revisiones oftalmológicas?
Las revisiones oculares pueden ser necesarias desde la infancia. La frecuencia y el tipo de exploración cambian a lo largo de la vida y dependen de las necesidades de cada persona.
¿Las personas con diabetes necesitan revisiones oftalmológicas?
Sí. La diabetes puede afectar a la retina y provocar retinopatía diabética, incluso antes de que aparezcan síntomas. Por ello, las personas con diabetes necesitan un seguimiento oftalmológico específico.
¿Qué enfermedades se pueden detectar en una revisión?
Dependiendo de la exploración y las pruebas realizadas, una valoración oftalmológica puede ayudar a detectar o controlar problemas como glaucoma, cataratas, enfermedades de la retina, degeneración macular, retinopatía diabética y alteraciones de la graduación, entre otros.
¿Cuánto dura una revisión oftalmológica?
La duración depende de las pruebas necesarias y de las características de cada paciente. Una revisión sencilla puede requerir menos tiempo que una valoración en la que sea necesario realizar pruebas complementarias.
La prevención también forma parte del cuidado de la visión
Cuidar la salud ocular no consiste únicamente en actuar cuando aparece un problema. Las revisiones permiten conocer el estado de los ojos, identificar factores de riesgo y detectar determinadas enfermedades en fases en las que todavía pueden no producir síntomas.
Por eso, si hace tiempo que no realizas una revisión o tienes algún factor de riesgo, consulta con un oftalmólogo para conocer qué seguimiento es adecuado para ti.
En VISTA Sánchez Trancón contamos con atención oftalmológica en Extremadura y clínicas en Badajoz, Cáceres, Mérida, Don Benito y Plasencia, con diferentes especialidades y pruebas diagnósticas para la valoración de la salud ocular.
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